PELÍCULA DE BARRO 2025
Hay personas que construyen ciudad y mejoran la vida de las personas a través de pequeños gestos, de pequeñas acciones que, sin ser grandilocuentes, son fundamentales. Hay personas que dedican su vida a hacer que la de los demás sea un poco más digna, un poco más cómoda, un poco más libre. Personas que, sin pretenderlo, acaban siendo el alma de un lugar. Aurelio de León es una de ellas.
Nacido en La Torre de Esteban Hambrán (Toledo) en 1927, llegó en 1962 al barrio de Puerta de Cuartos para asumir la parroquia de San Andrés. Lo que encontró fue una comunidad marcada por el analfabetismo, la pobreza y la infravivienda. Lo que sembró, en cambio, fue futuro. Frente a los altares, prefirió abrir la parroquia a la acción vecinal, levantar cooperativas de vivienda, crear centros de alfabetización para mujeres (cuando más del 50 % no sabía leer), y organizar grupos comunitarios para mejorar el barrio. “Mi casa no podía ser mejor que la suya”, diría más tarde, después de ayudar a construir casi 500 viviendas junto a las familias que las habitarían.
Inspirado por el espíritu del Concilio Vaticano II, Don Aurelio entendió que vivir el evangelio era ponerlo al servicio de quienes menos tenían. Que el mensaje no estaba en la doctrina sino en la dignidad. Así nacieron sus primeras iniciativas, y más tarde, en 1983, la Asociación Socio-Cultural Aurelio de León, que hoy (más de 40 años después) sigue siendo un refugio para cientos de personas en situación de vulnerabilidad: mujeres víctimas de violencia machista, jóvenes sin recursos, migrantes, mayores, familias sin red. Su acción ha abarcado desde el apoyo escolar a los bancos de alimentos, pasando por la inserción laboral y el acompañamiento personal.
Ha sido también conciencia crítica de la ciudad. En 2017, fue una figura clave en la creación de la Mesa por la Recuperación de Talavera, que movilizó a más de 40.000 personas. Su voz ha sido firme en la defensa de la justicia, incluso cuando ha supuesto ir contracorriente, cuestionando privilegios eclesiásticos o recordando que la Iglesia no puede vivir ajena a lo que pasa en la calle.
Pero su legado va más allá de la asistencia y acción social: Aurelio ha sabido leer las necesidades del momento y responder con soluciones reales, desde la cercanía y con el cariño de un amigo. Su nombre va unido a la palabra compromiso y su fe siempre ha estado encarnada en la acción, poniendo el acento donde verdaderamente importa: en las personas, y especialmente en aquellas que más lo necesitaban.
Su trabajo ha sido inmenso, constante y profundamente humano. Y a sus 97 años, Aurelio sigue siendo un ejemplo de solidaridad, humildad y entrega a los demás.
Por todo esto, el Festival de Cine de Talavera de la Reina entrega este año su Película de Barro a Don Aurelio de León.
Gracias, Aurelio, por poner siempre a las personas en el centro.