PÁVEZ EMERGENTE 2018:

CELIA RICO


El Pávez Emergente 2018 recae sobre la directora Celia Rico Clavellino (Sevilla, 1982). Celia se licenció en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla, en Teoría y Literatura comparada en la Universidad de Barcelona, y es doctora en Teoría, Análisis fílmico y documentación cinematográfica. Actualmente vive y trabaja en Barcelona donde comenzó su carrera cinematográfica, realizando diferentes proyectos de producción y dirección. Ha trabajado en películas como “Blancanieves”, de Pablo Berger, o “Guest”, de José Luis Guerín.

En el ámbito internacional, ha realizado trabajos de asistente de dirección en “La teta asustada” de Claudia Llosa. En el año 2012 realizó su primer cortometraje “Luisa no está en casa”, protagonizado por la aclamada actriz Asunción Balaguer. Un cortometraje que fue premiado en más de 70 festivales, tanto nacionales como internacionales, destacando el Festival de Málaga y la Seminci de Valladolid. Compitió en el Festival de cine de Venecia y ganó el Gaudí al Mejor Cortometraje en 2012.

Este año estrena su primer largometraje “Viaje al cuarto de una madre”, un proyecto íntimo y personal, protagonizado por las actrices Anna Castillo y Lola Dueñas, cuyo guión fue seleccionado por el Festival de Cine de Berlín, en el Script Station Lab. Con esta película da el gran paso en su carrera como directora de cine demostrando su gran talento, delicadeza y sensibilidad por el séptimo arte. Una historia sobre la relación materno filial que llegará a nuestros cines el 5 de octubre.

Completan el reparto de la cinta Pedro Casablanc, Adelfa Calvo, Susana Abaitua, Marisol Membrillo, Ana Mena y Maika Barroso. Produce Amorós Producciones y Arcadia Motion Pictures en coproducción con Pecado Films, Sisifo Films y Noodles Production.

Desde la Organización de los Premios Pávez, queremos otorgarle este premio como reconocimiento al trabajo y al esfuerzo realizado. Estamos convencidas/os de que será el primer premio de muchos que vendrán. Gracias Celia, por hacer arte. Gracias por hacer crecer la cinematografía en nuestro país ¡Gracias!

CONOCEMOS A CELIA RICO

 

 

¿Cuándo nace en ti el amor por la profesión y de qué manera?

Tal vez, inconscientemente, he hecho realidad un deseo de mi padre, que es maestro (ahora jubilado) y ha dedicado muchas de sus horas libres a organizar obras de teatro con los alumnos. Tengo bonitos recuerdos de mi infancia vinculados a los momentos en los que los niños del colegio venían a casa a pintar los decorados mientras mi madre nos cosía los trajes. Supongo que de ahí viene todo, mucho antes de descubrir el cine. Luego vino la experiencia de estar en la oscuridad de una sala de cine, algo que pasaba muy de tanto en tanto porque soy de un pequeño pueblo de Sevilla. Supongo que esa limitación alimentó el deseo, la fascinación.

También recuerdo que, en algunos viajes a Granada, una prima me llevó al cine a ver películas muy distintas de las que ponían en la tele. Aunque entonces no fuera consciente de ello, tuve una poderosa impresión de que con el cine se aprendía a vivir y que la vida era algo muy difícil, muy complejo. Creo que fue así como el cine disparó en mí la curiosidad por la vida desde un lugar muy concreto, el de la observación.

“Me interesan las personas normales en entornos cotidianos

viviendo situaciones como las que todos vivimos a diario”

¿Qué es lo que Celia Rico quiere contar como cineasta?

Me interesan las personas normales en entornos cotidianos viviendo situaciones como las que todos vivimos a diario. Por eso me suelen gustar películas sencillas que, con argumentos mínimos, hablan de la vida en su curso, impredecible, con sus misterios, sus arbitrariedades, sus conquistas y sus decepciones. Cuando releo alguna secuencia o algún texto que escribo, me doy cuenta de que siempre estoy poniendo la atención en detalles muy simples, en gestos muy pequeños como poner en marcha una cafetera por la mañana o abrocharse el pijama por la noche. Hay tantas maneras de abrir una cafetera y de ponerse un pijama que la vida misma, con todas sus contradicciones, podría contenerse entre estos dos gestos. Supongo que, como cineasta, busco las emociones a través de esos gestos. Claro que esto es de lo más difícil de hacer porque a menudo una se distrae con cualquier cosa y no saber ver los gestos verdaderamente profundos que se esconden en lo aparentemente sencillo. Por eso mismo admiro tanto a dos grandes cineastas como Ozu o Kaurismaki.

 

Empezaste trabajando como coordinadora de producción ¿Cómo veías la profesión en esos comienzos?

Cuando terminé la carrera de Comunicación Audiovisual en Sevilla me mudé a Barcelona. Entonces quería trabajar escribiendo sobre cine, pero no tenía mucha idea de cómo ni por dónde moverme. Busqué trabajo en productoras y conseguí un puesto de recepcionista en unos estudios de doblaje. Más tarde metí el pie en varias productoras y me encargué de las tareas de oficina, del papeleo de las películas. Por aquel entonces (antes de la crisis) era relativamente sencillo encontrar trabajo como coordinadora de producción. En medio de una montaña de contratos y listas de Excells, sentí que me estaba desconectando de lo que realmente me gustaba del cine. La verdad es que todo aquello me generó muchas dudas sobre la profesión. Pero también me dio cosas muy buenas, conocí a algunas personas estupendas que luego han sido fundamentales en el desarrollo de mis propios proyectos y aprendí mucho sobre producción ejecutiva, algo que considero muy valioso para quien se dispone a hacer cine. A pesar de que lo deseaba profundamente, nunca me proyecté a mí misma dirigiendo cuando empecé a trabajar en productoras porque eso me parecía algo que solo podían hacer los otros. No sé si tendré la oportunidad de hacer más películas, pero me alegro mucho de haberme resistido a aquella idea.

 

Unos años después, trabajaste en el Departamento de Casting de Blancanieves (2012, Pablo Berger) ¿Cómo fue el camino hasta acabar en esa producción?

Antes de eso, yo había trabajado como coordinadora de producción en Arcadia Motion Pictures, la productora de “Blancanieves”, así que cuando empezaron a desarrollar el proyecto, me llamaron de nuevo para que formara parte del equipo. Como además venía de una experiencia previa haciendo casting de niños (en “Dictado” de Antonio Chavarrías), surgió casi de forma natural que formara parte del departamento de casting, ayudando a Rosa Estévez. Fue muy especial formar parte de este proyecto y acompañar a Pablo Berger en una fase tan inicial. Aprendí mucho haciendo aquellos castings. Años después, cuando empecé a pensar en el casting de mi película, llamé a Rosa Estévez. Ella ha sido la directora de casting de “Viaje al cuarto de una madre”. Y esto viene de ahí, de nuestra colaboración en la búsqueda de Blancanieves. Los productores de “Blancanieves” son ahora los de mi película, en coproducción con Josep Amorós, que fue el director de producción en la película de Pablo. Así que al final todo ha quedado muy en familia.

 

 

Luisa no está en casa surgió de la curiosidad y admiración que siempre he sentido hacia las mujeres mayores,

una generación invisible que ha trabajado duro dentro de casa sin hacer mucho ruido”

 

 

Te lanzaste entonces a por tu primer cortometraje: Luisa no está en casa. ¿Cuáles son los motores que te impulsan a contar esta historia y por qué en ese momento?

“Luisa no está en casa” surgió de la curiosidad y admiración que siempre he sentido hacia las mujeres mayores, una generación invisible que ha trabajado duro dentro de casa sin hacer mucho ruido. Me apetecía provocar un pequeño quiebro en ese silencio y rendirles homenaje con la excusa de una lavadora estropeada. Me gustaba la idea de colocar a un personaje en una encrucijada cotidiana como la de elegir entre salir a lavar ropa fuera de casa o comprarse una lavadora nueva. En esas (in)decisiones del día a día, aparentemente triviales y rutinarias, se abren grietas, laberintos, uno se pregunta por qué las cosas no son de otra manera y hasta descubrimos que tenemos deseos.

Sigues explorando tu faceta de guionista y te coronas con el estreno de Quatretondeta (2016, Pol Rodríguez), película protagonizada por José Sacristán (Pávez Honorífico 2016) y de la que tú te encargaste del guion, junto a Pol Rodríguez y Eduard Sola. ¿Cómo llegaste
hasta aquí y cómo fue el proceso de la escritura de este libreto?

En realidad, más que encargarme del guion, hice de frontón en una fase final de la escritura. Ya había un guion acabado con todos sus puntos y comas cuando Pol me pidió que lo leyera. De hecho, la película estaba en preproducción y ya había un plan de rodaje que cumplir. Pero Pol quería tener una última opinión antes de rodar para afinar algunos detalles. Así que entré solo para plantear algunas preguntas y disparar ciertas ideas. A Pol le gustó mi mirada y me pidió que le metiera mano directamente a algunas partes del guion, ya que él estaba sumergido en todas las otras cosas que se estaban cerrando en ese momento: localizaciones, actores, etc. Fue algo muy puntual, Pol y Edu son los verdaderos autores del guion y yo solo añadí algunos matices. Aún así, los dos me hicieron sentir parte del equipo creativo. Da gusto trabajar con ellos. Son dos personas muy positivas y generosas, con las ideas y en el trato personal. Ojalá podamos colaborar en otra ocasión.

 

¿Cuál es la semilla que origina la idea que acabará convirtiéndose en el guion de Viaje al cuarto de una madre, tu primer largometraje?

Después de “Luisa no está en casa” empecé a escribir escenas sueltas de personajes solos en sus habitaciones. Siempre parto de la casa, que para mí es el espacio protegido, amable, donde compartir algo. Cuando nada se comparte o no hay un centro de calidez o franqueza, hasta en el espacio protegido uno se siente débil. Un tiempo después, releí todo lo que tenía. Solo rescaté una escena nocturna en la que una madre, algo triste, llamaba a su hija por teléfono para charlar, buscando esa calidez, ese compartir algo. Su hija, ocupada en otros menesteres, no tenía tiempo para ella en ese momento. Me sentí mal como hija al leerlo y aquel malestar me movió a querer explorar cuáles son las expectativas que, a menudo, solemos depositar en las relaciones con nuestros padres, con nuestros hijos: qué esperamos de ellos, de nosotros mismos, por qué hacemos concesiones o por qué ponemos límites, cuando pensamos en el otro o en nosotros mismos. Así que decidí meter a esa madre y a esa hija dentro de una casa y empecé a moverlas por sus habitaciones como si emprendieran un viaje a un territorio íntimo para que ellas mismas sintieran ese malestar y pudieran plantearse todas esas cuestiones tan humanas.

“… ver, hacer y pensar el cine -o al menos así lo entiendo yo- no es solo una profesión, es una pasión personal,

una forma de dialogar con la vida, de situarse en el mundo y resistir”

Hay dos tipos de cineastas: los que postergan por voluntad propia la creación de su ópera prima hasta encontrar el momento personal idóneo, y los que defienden siempre que el momento es ahora pero toca esperar porque las circunstancias nunca están a favor. ¿Te
incluyes en un grupo o fundas un tercero?

Es difícil que todas las circunstancias estén a favor, por eso uno siempre tiene la sensación de que se lanza a una piscina medio llena. Ser consciente de que ese momento ideal quizá no llega nunca, ayuda, en cierta medida, a que cuando una parte importante de las cosas que quieres para tu película coinciden, te atrevas a hacerla, a pesar de que no hayas logrado algunas otras. En el caso de una ópera prima, creo que la sensación de lanzarse al vacío se incrementa. Al menos, así lo he vivido yo, que suelo torturarme pensando en que nunca estoy lo suficientemente preparada. Supongo que es un mecanismo de defensa para estar siempre alerta, siempre atento. Si algo he aprendido es que el momento ideal no llega, hay que crearlo. También he aprendido que, a veces, tenemos que ser más benevolentes con nosotros mismos. Por suerte, una película la haces con un equipo y ellos siempre están ahí, para apoyarte, para ponértelo fácil, para que todo se dirija hacia el lugar que habías imaginado. Eso es lo más confortable. Hay que estar agradecido.

 

Ahora que estás metida de lleno en la realización de un largometraje y estás viviendo en carne propia el proceso, y después de tantos cambios y tanto recorrido profesional, cuéntanos qué representa la profesión para ti en este momento de tu vida, y qué diferencias o similitudes existen con la idea que te hiciste en un principio.

Mis padres siempre me dicen que me complico la vida. Con esta profesión, sin duda, uno se la complica. El cine, con sus procesos, lo arrasa todo, inunda la vida, deja poco espacio para lo demás. A veces hay que tener cuidado con eso y está bien pararse un momento para conectarse con otras cosas que están alrededor del cine. Sin embargo, el cine te devuelve todo lo que pide, y con creces, porque ver, hacer y pensar el cine -o al menos así lo entiendo yo- no es solo una profesión, es una pasión personal, una forma de dialogar con la vida, de situarse en el mundo y resistir.

 

Háblanos de Viaje al cuarto de una madre ¿Cómo está siendo la labor de producción? ¿Qué vamos a ver en esta película, o mejor: desde qué punto de vista?

“Viaje al cuarto de una madre” es una película sobre el amor materno-filial, sobre los miedos y las esperanzas de dos mujeres de generaciones distintas unidas por un vínculo aparentemente fuerte, aunque enormemente frágil. Leonor, la hija, quiere marcharse de casa, pero no se atreve a decírselo a su madre. Estrella, su madre, no quiere que se vaya, pero tampoco es capaz de retenerla a su lado. Ambas tendrán que afrontar esa nueva etapa de la vida en la que su mundo en común se tambalea.

 

Viaje al cuarto de una madre es una película sobre el amor materno-filial,

sobre los miedos y las esperanzas de dos mujeres de generaciones distintas

unidas por un vínculo aparentemente fuerte, aunque enormemente frágil”

 

 

¿Cómo ha sido el rodaje con actrices como Lola Dueñas y Anna Castillo, o actores como Pedro Casablanc?

Sólo puedo estar agradecida y expresar mi admiración. Para conseguir el tono de la película, era necesario medir mucho cada gesto, ya que tanto a la madre como a la hija les cuesta expresar sus emociones por miedo a preocupar o herir a la otra. Esto implicaba trabajar en dos direcciones, por un lado, meterse de lleno en las emociones de los personajes y explorarlas hasta las últimas consecuencias y, por otro, esconderlas como si nada de eso estuviera pasando. Este es un trabajo muy delicado y era fascinante descubrir cada día de rodaje hasta dónde llegan Lola y Anna en el dominio de las emociones y en la precisión de los gestos. Han conseguido hacer algo muy hermoso moviéndose en terreno de las sutilezas.

 

¿Cuándo podremos ver en los cines Viaje al cuarto de una madre?

El estreno será el 5 de octubre, de la mano de la distribuidora Alfa Pictures. Quiero aprovechar para daros las gracias por el premio, por apoyarme y por darle visibilidad a una ópera prima. Esta película ha sido posible gracias al trabajo de un generoso equipo técnico y artístico y de unos productores que le han puesto todo el cariño.

 

“La historia del cine (y de la cultura) está llena de ejemplos de mujeres de las que nadie recuerda el nombre.

Sin nombres, no hay referentes. Y necesitamos referentes, no titulares”

 

 

En este país quedan aún muchos aspectos culturales que resolver para alcanzar un nivel óptimo, similar al de otros países europeos, pero, lamentablemente, también quedan por resolver aspectos humanos. ¿Cómo ves, desde dentro, y con tu primera película a puntito de salir del horno, el rol de la mujer en la industria cinematográfica?

Es cierto que últimamente hay más presencia de películas dirigidas por mujeres en los festivales de cine y los medios ponen más atención al trabajo de las cineastas. Podríamos decir que estamos en un momento muy lindo, de cambio, de sororidad. Pero luego alguien me dice “estáis de moda” y me invade un regusto amargo. Ya sabemos cómo funciona esto de las modas, probablemente dejaremos de “estar de moda” en poco tiempo y algunas de esas jóvenes promesas de las que tanto se habla, pasen al olvido. Me temo que las modas no producen cambios. La historia del cine (y de la cultura) está llena de ejemplos de mujeres de las que nadie recuerda el nombre. Sin nombres, no hay referentes. Y necesitamos referentes, no titulares. Aún queda mucho trabajo por hacer en este sentido y creo que la educación es el motor fundamental para ese cambio. Este año, gracias al proyecto “Cinema en curso”, he acompañado a un grupo de alumnos de primero de la ESO en el rodaje de su primera película. Quiero pensar que, cada vez que entro en el aula como cineasta, los niños y niñas dejan de asociar al director de cine exclusivamente con la imagen de un hombre.

 

El primer largometraje es una cima emblemática en la carrera de cualquier profesional de la industria, y que no todos ni todas alcanzan. ¿Qué dirías a las y los profesionales que siguen intentándolo?

Que se preparen bien para estar muy en forma. Como decía Herzog, filmar películas es un procedimiento atlético, no estético, y las rodillas y muslos deben estar dispuestos a trabajar veinticuatro horas diarias. Me parece un consejo alocado, pero a la vez muy sensato. También les diría que si están inseguros y dudan, que no lo escondan, que eso puede formar parte de sus procesos y es mejor ser honestos. Si, por el contrario, están demasiado seguros, les diría que se cuestionen a sí mismos y a sus propias ideas. También les diría que el sentido del humor es una gran virtud para sobrevivir en procesos complejos y a veces impredecibles como es este de intentar hacer una película a toda costa.

 

 

El estreno será el 5 de octubre, de la mano de la distribuidora Alfa Pictures”

Anna Castillo y Celia Rico
Anna Castillo y Lola Dueñas

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